La noción de locura, a menudo marginada y estigmatizada, emerge en el panorama contemporáneo no como una patología aislada, sino como una condición intrínseca al ser hablante. Sergio Zabalza, psicoanalista y académico, nos invita a explorar esta compleja relación, desentrañando cómo la locura, lejos de ser sinónimo de psicosis, se manifiesta en diversas formas en la vida psíquica y social, y cómo su reivindicación por discursos populistas y reaccionarios redefine conceptos fundamentales como libertad y responsabilidad.
La Locura Inerente al Ser Hablante
Desde las primeras formulaciones del psicoanálisis, la locura ha sido reconocida como un componente fundamental de la existencia humana. Lacan, en particular, enfatizó que "todo el mundo es loco", una afirmación que ya resonaba en sus trabajos de 1946 y que profundizó en su Seminario 9 sobre el rasgo unario. Esta locura, que no se limita a la psicosis, se manifiesta en fantasías, sueños y discursos delirantes que, paradójicamente, permiten al ser humano construirse y creerse "hombre". Es la "compañera del ser hablante", una materia psíquica que los psicoanalistas intentan comprender y tramitar.

La locura se entrelaza con nuestro "ser narcisista", esa construcción identitaria que nos permite mantener una imagen de nosotros mismos. Sin embargo, esta misma construcción puede llevarnos a creer que "podemos todo", una ilusión que, en su extremo, se convierte en una forma de locura. La exacerbación de este "yo" sin un componente de amor genuino, como se observa en ciertos discursos que promueven el "sí se puede" sin considerar las implicaciones, revela una "pura insuflación del yo" desprovista de Eros.
La Reivindicación de la Locura en el Discurso Político Actual
En el contexto sociopolítico contemporáneo, Zabalza señala una preocupante tendencia: la locura está siendo reivindicada por posiciones políticas que, a menudo, se tildan de reaccionarias. Palabras como libertad, república y honestidad adquieren significados distorsionados, sirviendo de pantalla para "reclamos más disparatados" y un "enmascaramiento detrás del cual está este reclamo de libertad". El lema "Soy yo y es ahora" encapsula esta urgencia individualista, desconectada de la responsabilidad hacia el colectivo.
Esta manifestación de la locura se observa en la emergencia de grupos que se asemejan a "la horda", un conjunto desorganizado de voluntades "totalmente acéfalas". En estas dinámicas, el líder ejerce un "amor loco" sobre la masa, un componente afectivo, sí, pero carente de la profundidad del Eros. Las "marchas por la muerte", donde prima el odio y la aniquilación del otro, son un triste reflejo de esta desintegración social.

El Empobrecimiento de la Palabra y la Clínica del Desamparo
En el ámbito clínico, Zabalza advierte un "empobrecimiento de la palabra". Los ataques de angustia, que Freud ya tematizó a fines del siglo XIX, se intensifican en sujetos que "no pueden anudar las palabras al cuerpo". Este fenómeno se ve agravado por el "confinamiento de los cuerpos" en la época actual, un punto decisivo que impide la conexión vital entre el lenguaje y la experiencia corporal.
La experiencia clínica, enriquecida por la de sus colegas, revela un aumento en las consultas. Los sujetos acuden buscando alivio para el sufrimiento, una "queja" que, en principio, es bienvenida por el analista. El desafío reside en estar a la altura de la época, ofreciendo las "herramientas significantes" necesarias para que los individuos puedan "anudar las palabras a ese cuerpo" y tramitar la angustia que los aqueja.
El Cuerpo, el Otro y la Necesidad de Duelo
La relación entre el cuerpo y el Otro es fundamental en la enseñanza de Lacan. Él afirmaba que "el cuerpo es el Otro", subrayando la interdependencia entre nuestra corporalidad y el mundo exterior. Sin embargo, la noción de que "el cuerpo es mío y hago lo que quiero" es una falacia, ya que el cuerpo posee una "esfera pública". Desmerecer nuestro propio cuerpo es, en esencia, desmerecer el "cuerpo social".
Freud, Duelo y Melancolia, Que es Y como Se Trata la Depresion
La imposibilidad de realizar el duelo, ya sea por la pérdida de un ser querido o por la resignificación de un mandato, se convierte en una "tragedia del deseo". La falta de acompañamiento social en este proceso, la ausencia de "ceremonia", impide la elaboración psíquica necesaria. El duelo, si bien íntimo, requiere de una esfera pública para su correcta tramitación, un espacio donde podamos "llorar" y "conmemorar".
La Libertad, la Ley y la Función del Analista
La libertad humana, lejos de ser la ausencia de límites, se encuentra inserta en un "universo legal". La creencia en que se pueden suprimir las legalidades, el efímero "sí se puede", ignora la existencia de una "prohibición" y un "límite" fundamental: la abstinencia del analista. Dentro del dispositivo analítico, la relación sexual está "forcluida", estableciendo un límite infranqueable.
La "pulsión", inherente al ser humano, se dirige hacia el "otro", y el analista, a través de su escucha, permite que el sujeto la "enchufue" en la transferencia. El dispositivo analítico, al no ser nunca "dos" sino una relación de autoridad, ley y orden, proporciona el marco para la intervención. La noción lacaniana de "père-versión paterna" y la función del analista, que ayuda a "armar un cuerpo", son cruciales en este proceso.
El Legado de Sergio Zabalza
Sergio Zabalza, Doctor en Psicología y Magíster en Clínica Psicoanalítica, aporta desde su vasta experiencia académica y clínica una lectura profunda sobre la actualidad. Su trabajo, influenciado por las enseñanzas de Jacques Lacan, se centra en la noción del cuerpo, la dirección de la cura y las encrucijadas de la contemporaneidad. A través de sus publicaciones y su labor docente, Zabalza nos ofrece herramientas para comprender la complejidad de la psique humana en un mundo en constante transformación, invitándonos a reflexionar sobre la locura no como un desvío, sino como una parte intrínseca de nuestra condición.
La obra de Zabalza, que aborda temas como la intimidad, el duelo, la alimentación del odio y la deconstrucción de la autoridad parental, nos confronta con la necesidad de un análisis riguroso de los discursos que nos atraviesan y de las dinámicas sociales que nos configuran. Su perspectiva subraya la importancia de la palabra, el cuerpo y la relación con el Otro para la construcción de una subjetividad más íntegra y responsable, incluso en medio de la inherente locura que nos define.
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